martes, 3 de febrero de 2009
Hay Días Que No
Holly Golightly tenía días rojos y Marcel Proust, negros zahínos. Hay días que no, en las que las cosas no son, no salen, se enconan, díasqueno, que no acaban, que se estiran como chicles sin sabor, que se sabe que no desde el principio y se viven de medio lado, días de voces disonantes, llenas de desdén, voces que no callan y martillean los parietales, días en que las manos no se tienden, sólo se contraen, días de mierda, de asco y de pegas, días en que duelen las muelas del juicio que te sacaron hace seis años, en los que te abrasan las cuencas de los ojos, en los que te pesan brazos y piernas pero justo el autobús pasa tres minutos antes, días en que el de la derecha no entiende y el de la izquierda suspira, días de ruina, días de llorar en los que el lagrimal está falto de existencias, en los que todo es frívolo pero no hace gracia, aunque se sonríe porque el día no da para disimulos, días en que las palabras resbalan hasta el suelo y se pisan, y te las llevas en la suela y no te das ni cuenta, días en los que suena brown eyed girl y el cielo se cierra....
jueves, 15 de enero de 2009
Y sin embargo, crece

Cada miga, cada esponjosa partícula, consistente y frágil al mismo tiempo, era, hora y media antes, un grumo pegajoso e igualmente sabroso. Cuatro huevos, el mismo peso en harina, el mismo en azúcar, un sobre de levadura, ralladura de limón, una charla distendida y la luz tenue de la cocina obraron el milagro. En la mezcla, pastosa, pereció la tarde. En la mezcla, dulce y granulada, se consumió el discurso. En la mezcla, inmensa, falleció la rutina.
Y sobre el molde, desafiando la incredulidad y la alucinación congelada, nació el bizcocho.
martes, 9 de septiembre de 2008
Empeños en la tercera fase

Empeñadísimos en que aquella amalgama de pasión, empieces sin rumbo, roces, grandilocuencias amorosas, torrentes de arrumacos, discusiones sobre lo divino y lo humano y ósculos sin dirección se consolidara... ni siquiera atisbaron la enorme distancia que, desde el primer instante, separaba sus vidas. Llovía para uno mientras lucía un sol de justicia para el otro. Cantaba el pájaro y agonizaba al mismo tiempo.
Y mientras el tiempo les permitió seguir con aquella miopía tan placentera se fortaleció su historia, que seguía en paralelo pero a cientos de kilómetros de distancia. Una mañana, mientras la cafetera borboteba y dos tazas esperaban sobre el mantel de cuadros, ambos decidieron casarse por lo civil.
miércoles, 30 de julio de 2008
Sueño de un mediodía de verano
jueves, 26 de junio de 2008
Sube y baja
Bajar es subir. Bajar por el mapa, subir en altitud. Bajarse el pantalón, subirse los calores. Bajar la guardia, subir el peligro (?). Bajar la temperatura, subirse la cremallera. Bajar el paro, subir la cuenta (?). Bajar la vista, subir el libro. Bajar, subir.
martes, 20 de mayo de 2008
Pendiente de
Primera imagen. Un yorkshire mira fijamente, al otro lado de la puerta de cristal, a un boxer que, inmovilizado por una correa en tensión, no deja de observarle. Segunda imagen. Mientras un grupo de adultos relata, detalle a detalle, los acontecimientos de la semana alrededor de cuatro vasos de vermú, una adolescente, hija de uno de las parejas de labia de domingo, repasa una y otra vez el archivo completo de mensajes de texto de su móvil. Tercera imagen. Una cometa sin dueño pende de la rama de un árbol. Cuarta imagen. La cajera del supermercado queda eclipsada por un trozo de cielo azul que alcanza a ver desde su silla ergonómica. Quinta imagen. Una mujer se comen las uñas y bosteza mientras atiende una llamada de teléfono. Sexta imagen. Cuatro mandos a distancia, de otros tantos aparatos, esperan ordenados por tamaño, la llegada de la mano ejecutora en la mesita de una sala de estar. Séptima imagen. Diez fechas del calendario de la cocina señaladas con un círculo, grueso trazado con rotulador azul marino. Octava imagen. Una cola de treinta personas, con camisetas verdes, blancas y marrón arena, espera en una tienda de ropa y complementos para pagar en caja. Novena imagen. El pitido de una batería que se acaba.
domingo, 11 de mayo de 2008
No te comas la menta
No tuve valor para no responder al mensaje, que llegó de madrugada y a traición. Ahora que me sentía fuerte tenía que decirle que se había evaporado de mi mente, que no recordaba ni su pecho, ni sus manos, ni sus enormes dientes blancos, ni su tacto (a veces rugoso, a veces insultantemente suave), ni su cara de sueño por la mañana, ni sus carcajadas estrepitosas siempre a destiempo. No tuve valor para callarme que había deshecho el nudo; que ya no me dolía que no supiera lo que hacer. Nada más elegir la opción 'aceptar' y ver volar el sobre hacia el sur, deseé haber tenido coraje para enmudecerme de una vez por todas y no seguir mostrando más cartas en un juego en el que ni siquiera se puso un tapete. Pero ya era tarde: las ondar electroloque sea habían hecho su trabajo.
Decidí pedir otro mojito. No era, en absoluto, la mejor solución, sólo la única posible en la ciudad de los corros y los meteorólogos inquietos. Después de masticar el hielo y las escasas hojas de menta que flotaban a desgana, me sentí un poco peor, pero mucho más tranquila.
"Tengo que comprar una cámara digital". Decidí pensar en eso y en los millones de momentos absurdos que podría inmortalizar con el aparatejo. Y en los millones momentos absurdos que me perdería.
"¿Otro mojito?". A mi lado, ella no intuía la descalabrada actividad mental que me acompañaba aquella noche.
"Sí".
"Pero no te comas la menta".
"Vale".
Decidí pedir otro mojito. No era, en absoluto, la mejor solución, sólo la única posible en la ciudad de los corros y los meteorólogos inquietos. Después de masticar el hielo y las escasas hojas de menta que flotaban a desgana, me sentí un poco peor, pero mucho más tranquila.
"Tengo que comprar una cámara digital". Decidí pensar en eso y en los millones de momentos absurdos que podría inmortalizar con el aparatejo. Y en los millones momentos absurdos que me perdería.
"¿Otro mojito?". A mi lado, ella no intuía la descalabrada actividad mental que me acompañaba aquella noche.
"Sí".
"Pero no te comas la menta".
"Vale".
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